domingo, 2 de octubre de 2016

Tanto, pero no tonta.

Me he cortado el pelo porque no quiero ser ni la de ayer ni la de mañana esta mañana.
Me he escuchado quinientas veces seguidas llorar por la misma canción y no le doy ninguna pena.
Le he contado el final a mi película favorita para que se acabe de una puta vez.
Me sigue aterrorizando dormir en la misma casa en la que estoy despierta y despertarme en la misma habitación donde me veo dormir.

SE 
       ACABÓ

Me niego.
Seamos realistas. 
Solo en las películas alguien se enamora en tres días. 
Te he dado todo lo que tenía, aunque a ti te parezca insuficiente.                  egoísta
Tenías razón, puedo cambiar! 
Pero mira que putada que no quiero.
Así que vete, y hazme el favor de no volver.
Me he dado cuenta que mi sonrisa ya no depende de nadie, solo de mi.
Es mas, no tendría que haber dependido de nadie nunca.
Me has perdido. Y estoy feliz

jueves, 28 de julio de 2016

Falsa sonrisa.

  Sonrío menos.

  Ya queda poco de una máscara ya rota por los cortantes cristales de los recuerdos tristes. Ya no volvería a chocar contra el mismo muro contra el que había jugado a saltar. De poco servía ya tapar la tristeza bajo un gorro avejentado de años. No podía dar un paso sin oír las voces de los demonios que habitan en mi cabeza que dejaba entrar, ingenua, a todos a quiénes querían, todos aquellos a lo que habría que haber cerrado la puerta. 

  Debí dejar las cicatrices para cuando era niña y tropezaba por patosa, no para ahora, que tropiezo por no mirar hacia delante y solo mis zapatos. Debí dejar las lágrimas para cuando era un bebé y la inseguridad y lo poco (nada) que conocía me atemorizaban, no ahora que conozco todo demasiado bien. 

  Tendría que saber por qué dices adiós cada tarde, en vez de decir hasta luego, como si mañana ya no me fueses a ver a la misma hora donde siempre, porque la que diría adiós soy yo. A veces se me olvida que el mundo es enorme y que yo soy solo una persona, y cuando quien quiera que sea el que me controle se olvide de mí y eche a patadas (porque si yo pudiera controlarme saldría ahora mismo y huiría de aquí, pero alguien me lo pide y no es la razón). 

  Creo que reflexiono mucho y duermo poco, y sonrío menos. Pero debería dormir hoy al menos una hora porque mañana no creo que aguante otro día más.

Aléjate.

Aléjate de aquí que estoy ardiendo y no quiero producirte más quemaduras de primer grado con el filo de mis labios. 
Déjame, da la vuelta y pírate que tengo miedo de que te quedes y me beses hasta quitarme las ganas. Hasta dejarme sin nada.
El invierno está acabando hasta con mi alma y me persigue tu recuerdo cuando camino por la avenida cogida de mi propia mano. 
Escúchame, no quiero que vuelvas aunque me muera sin verte y sienta que esto no es más que el inicio de una muerte duradera que me dejará llena de vacío, al borde del precipicio y con las alas atadas. 
No soy capaz de mentir más a mi reflejo cuando me miro en el espejo intentando encontrar la calma. Pero me topo con mis ojeras producidas por otra noche en vela, en la que sólo sé abrazarme a tu camiseta en busca de tu olor para no sentirme tan sola. 
La sangre que hoy corre por mis venas se antoja demasiado fría, y mi corazón se está callando en busca del hilo de tu voz. Pero entonces, tropiezo con la frialdad de tu mirada, con el hielo de tu sonrisa, con tu prisa por alejarte del balcón en el que vimos nuestro primer amanecer juntos.
Y es que, cada vez que te escribo, solo me desvío de mi camino. 
Intento cambiar de libro pero se me han pegado los dedos a la esquina doblada de nuestra página en blanco. 
Porque no puedo decir que algo ha acabado cuando tú me prometiste que ni siquiera había empezado. 

lunes, 8 de febrero de 2016

Querer.

  Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez que nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón hecho añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. 
  El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. 
  Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sábanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo que será el poema más bonito pero también el más jodido de escribir cuando todo se apague. Tienes que ser un jodido héroe para ser capaz de salvar la sonrisa de alguien cuando esté naufragando en lágrimas y todo su mundo se haya reducido a un mar de donde no hay posibilidad de rescate, pero llegues tú y le digas: Mira, no sé si irá todo bien, pero si te ahogas te prometo que lo haremos juntos. Imbécil es lo que eres si cedes tu canción favorita pensando en esa persona, porque luego cuando la escuches toda partitura, palabra, sílaba y sonido será un recuerdo llamando a tu puerta. Así que te pido que tengas mucho cuidado. 
  Te dirán que el amor solo tiene un final posible y es el olvido. Pues olvídales tu a ellos. Verás a tu alrededor historias rotas y escritos como este. Que te sirvan de motivo para demostrarnos que todo es posible. Huye de quien te diga como vivir, porque ni el ni nadie tenemos ni puta idea de como hacerlo. Y arriésgate, porque echar de menos es como si el corazón dijera: Oye, me rindo, a mi no me jodes más. Y yo no es por joder, pero si ensuciamos tanto la palabra amor, si creemos que sabemos querer, es por gente como tú.