Sonrío menos.
Ya queda poco de una máscara ya rota por los cortantes cristales de los recuerdos tristes. Ya no volvería a chocar contra el mismo muro contra el que había jugado a saltar. De poco servía ya tapar la tristeza bajo un gorro avejentado de años. No podía dar un paso sin oír las voces de los demonios que habitan en mi cabeza que dejaba entrar, ingenua, a todos a quiénes querían, todos aquellos a lo que habría que haber cerrado la puerta.
Debí dejar las cicatrices para cuando era niña y tropezaba por patosa, no para ahora, que tropiezo por no mirar hacia delante y solo mis zapatos. Debí dejar las lágrimas para cuando era un bebé y la inseguridad y lo poco (nada) que conocía me atemorizaban, no ahora que conozco todo demasiado bien.
Tendría que saber por qué dices adiós cada tarde, en vez de decir hasta luego, como si mañana ya no me fueses a ver a la misma hora donde siempre, porque la que diría adiós soy yo. A veces se me olvida que el mundo es enorme y que yo soy solo una persona, y cuando quien quiera que sea el que me controle se olvide de mí y eche a patadas (porque si yo pudiera controlarme saldría ahora mismo y huiría de aquí, pero alguien me lo pide y no es la razón).
Creo que reflexiono mucho y duermo poco, y sonrío menos. Pero debería dormir hoy al menos una hora porque mañana no creo que aguante otro día más.
jueves, 28 de julio de 2016
Aléjate.
Aléjate de aquí que estoy ardiendo y no quiero producirte más quemaduras de primer grado con el filo de mis labios.
Déjame, da la vuelta y pírate que tengo miedo de que te quedes y me beses hasta quitarme las ganas. Hasta dejarme sin nada.
El invierno está acabando hasta con mi alma y me persigue tu recuerdo cuando camino por la avenida cogida de mi propia mano.
Escúchame, no quiero que vuelvas aunque me muera sin verte y sienta que esto no es más que el inicio de una muerte duradera que me dejará llena de vacío, al borde del precipicio y con las alas atadas.
No soy capaz de mentir más a mi reflejo cuando me miro en el espejo intentando encontrar la calma. Pero me topo con mis ojeras producidas por otra noche en vela, en la que sólo sé abrazarme a tu camiseta en busca de tu olor para no sentirme tan sola.
La sangre que hoy corre por mis venas se antoja demasiado fría, y mi corazón se está callando en busca del hilo de tu voz. Pero entonces, tropiezo con la frialdad de tu mirada, con el hielo de tu sonrisa, con tu prisa por alejarte del balcón en el que vimos nuestro primer amanecer juntos.
Y es que, cada vez que te escribo, solo me desvío de mi camino.
Intento cambiar de libro pero se me han pegado los dedos a la esquina doblada de nuestra página en blanco.
Porque no puedo decir que algo ha acabado cuando tú me prometiste que ni siquiera había empezado.
Déjame, da la vuelta y pírate que tengo miedo de que te quedes y me beses hasta quitarme las ganas. Hasta dejarme sin nada.
El invierno está acabando hasta con mi alma y me persigue tu recuerdo cuando camino por la avenida cogida de mi propia mano.
Escúchame, no quiero que vuelvas aunque me muera sin verte y sienta que esto no es más que el inicio de una muerte duradera que me dejará llena de vacío, al borde del precipicio y con las alas atadas.
No soy capaz de mentir más a mi reflejo cuando me miro en el espejo intentando encontrar la calma. Pero me topo con mis ojeras producidas por otra noche en vela, en la que sólo sé abrazarme a tu camiseta en busca de tu olor para no sentirme tan sola.
La sangre que hoy corre por mis venas se antoja demasiado fría, y mi corazón se está callando en busca del hilo de tu voz. Pero entonces, tropiezo con la frialdad de tu mirada, con el hielo de tu sonrisa, con tu prisa por alejarte del balcón en el que vimos nuestro primer amanecer juntos.
Y es que, cada vez que te escribo, solo me desvío de mi camino.
Intento cambiar de libro pero se me han pegado los dedos a la esquina doblada de nuestra página en blanco.
Porque no puedo decir que algo ha acabado cuando tú me prometiste que ni siquiera había empezado.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)