jueves, 5 de marzo de 2015

GJC.

La historia más bonita que conozco es la que ocultaba su sonrisa. 
Se fue un día, ojalá no lo recordara.
Me pone triste pensar en los finales y en las despedidas, que por desgracia, no hubo. 
Parece que fue ayer... pero ya han pasado cinco años.
Así de rápido.
Pero, sin embargo, no hay ni un día, ni uno, que no me acuerde de ella en cualquier momento del día.
Se marchó llena de heridas, como si el tiempo le hubiera marcado la piel con llamas.
Le escribo ahora, cuando ya no puede oírme. 
Cuando ya los besos en la mejilla, los abrazos y las sonrisas forman parte de una fotografía que no miro por si me duele demasiado. 
Yo nunca he creído en el cielo, no creo en Dios tampoco, y no es fácil. Aunque ella si, por eso sé que esté donde esté está bien. 
Que ella creó un paraíso en sus sonrisas, y cada vez que me encerraban yo olvidaba lo que era el miedo. 
"¿Qué pasaría si me voy?" me preguntó un día, y yo sonreía. Cómo iba a decirle que no quería que se fuera, aunque no hubiese marcha atrás. Que no la olvidaría, porque estaría en todos o en la mayoría de mis recuerdos. No supe decírselo, y ahora supongo que ya es tarde. 
Ojalá que algún día el cáncer solo sea un signo del zodiaco. 
Te fuiste un día, y no me gusta recordarlo. 
Es duro soportar una vida sabiendo que el amor y la amistad no puede salvar a las personas, a una persona fuerte y luchadora que no merecía nada de lo que se le había venido encima.

Que hay un vacío muy grande en mí desde que te fuiste, que va a estar ahí siempre, como una carta dirigida a una dirección que ya no existe. Te quiero y no hay ni un sólo día en el que no me acuerde de tí. Hasta pronto, Gina.