domingo, 25 de enero de 2015

Hoy va de besos, que parece una cosa sencilla pero luego no lo es. La de besos que no di por miedo a que no me los devolvieran. Esos ya no los recupero, se quedaron en el limbo de los besos perdidos, por eso hay que ser más valiente y besar más, porque la duda de no hacerlo dura toda la vida.

domingo, 11 de enero de 2015

Necesito un abrazo.

El único monstruo que hay en esta habitación
es la soledad que me envuelve
cuando miro frente al espejo;
y puede que no quiera salvarme,
pero necesito un abrazo.


Necesito un puto abrazo
y no sé si seguir mirando
o salir a correr calle abajo
en busca de cualquier tropiezo que me frene y,
sobre todo,
que se parezca a ti.

Fui.

Algún día aprenderé a disfrutar
de los caminos que no llevan a ninguna parte.
Ese día dejaré de ser yo misma
para ser una persona que nunca quise ser

Y la culpa será sólo mía
y me arrancaré el corazón,
y lloverá;
y sonarán guitarras,
y envidiaré a los pájaros
como si ellos no se cansaran de volar.

Algún día cambiaré de perspectiva
y me tumbaré a dormir en un mundo
al que le faltan abrazos y le sobran intenciones
como si hubiera dejado de importarme.

Un mundo en el que todos lloran más por sí mismos
que por el resto.

Yo fui del club de los que esperan
un motivo más para quedarse
y si no llega se lo inventa.

Y creo que jamás he conjugado mejor el verbo ser.

jueves, 8 de enero de 2015

El karma son las manos, 
el destino nuestros pies, 
la oportunidad somos nosotros 
y la suerte la suma de estos tres.

lunes, 5 de enero de 2015

Si no estás.

No sé que hacen tus manos en mi espalda
si no estás aquí.
No sé qué hace tu pelo enredado en mis manos
si no estás aquí.
No sé qué hacen tus labios en mis párpados
si no estás aquí.
No sé qué hace tu comisura sonriendo
sobre la mía dormida.
No sé,
te juro que no sé qué haces bailando en el deseo
de cada una de mis pestañas
si no estás aquí.

De pronto...

De pronto llega alguien que quiere quedarse a sabiendas de que estás rota.
Llega alguien que no pretende repararte
porque sabe que la vida y tú ya tenéis un trato y no tiene nada que hacer.
Que es capaz de bailar cada uno de tus latidos sin importar el ritmo.
Que no coarta el amor, que lo deja fluir y hace que lo dejes fluir salvaje porque no puede ser de otra manera.
Que no busca las palabras exactas, pero las tiene.
Que no ve el naufragio, sólo el mar.
Que cuando sonríe se convierte en la auténtica metáfora de la vida y no tiene ni idea.

De pronto llega alguien.
De pronto llegas.

Llegas y te coronas con todas las espinas que voy escupiendo,
paseas por mi casa y la conviertes en un laberinto de sueños,
acampas en mi mente y la creatividad se congela un segundo antes de empezar a derretirse.
Llegas y te plantas de frente para que no pueda mirar a otro lugar
y me doy cuenta de que nunca llega tarde algo que no se espera.
Llegas y me haces caer en la cuenta de que el amor es como las hadas de Peter Pan,
que sólo mueren cuando no crees en ellas.
Conectando tu herida con la mía llegas y te conviertes en la primera persona
capaz de hablar de paz sin mencionar la guerra.
Llegas y no prometes quedarte, pero te quedas.
Llegas y no prometo quedarme, pero me quedo.

De pronto llegas 
con tu ejército de silencios,
pero esta vez no vienen para luchar;
como un trébol de cuatro hojas en medio del desierto,
no salvas
pero das esperanza.

No sé.

No sé acariciarte sin sonreír.
No sé besarte sin acariciarte.
No sé cruzar la calle contigo sin darte la mano.
No sé no ver besos en los semáforos en rojo.
No sé existir o si existo desde que desperté tras soñar contigo y estabas ahí.
No sé mirar hacia delante si estás a mi lado mirando hacia atrás.
No sé fingir que tú y yo no sabemos más de nosotros que todos ellos.
No sé no contarte todo esto que no sé.
No sé qué hacer con este miedo.
No sé cómo hacer que te quedes sin darte la mano.
No sé cómo hacerte ver que estoy aquí sin mirarte a los ojos.
No sé cómo calmarte el corazón si no es abrazándote.
No sé dejarte ir sin amarrarme a tu ausencia.
No sé cómo no intentar que sucedamos si ya pase lo que pase no voy a saber vivir sabiendo que existes y que no llegaste a pasar.

Sólo sé que tú eres mi única certeza,
y que sería capaz de probar tu existencia antes que la mía propia
basándome en todo eso que no sé y que tú sabes tan bien.

domingo, 4 de enero de 2015

He mentido.

La perfección está llena de errores,
el amor está plagado de defectos
y tú estás siempre precioso, joder.

Te juro que tengo los ojos abiertos.

Lo sé porque he visto tus ojeras,
tus días en cualquier otro lugar,
tu manía de hablar sin pronunciar palabra,
y mirarme sobre todo cuando no te miro.

Lo sé porque te he visto dudar de ti mismo
y contradecirte al mismo tiempo,
lo sé porque te he visto frente al espejo no gustarte
y gustarte cuando les dejas a mis ojos ser tu espejo.

He dejado de temblar sólo para que me creas.

Aquí no hay niebla, sólo estamos tú y yo.

Me he enamorado de tus defectos, mi amor,
creo que me gustan más que tú.

Claro que tengo miedo de perderte,
lo tenía antes de tenerte.

Encadena tú las frases,
yo sólo sé ponerles lazos.

Si cierras los ojos te llevo a dónde quieras,
aunque te prefiero en cualquier cama de cualquier ciudad.

No te vayas,
vente conmigo.

Tengo tantas cosas que decirte
que sólo me sale mirarte.

He dejado de quererte
para empezar a amarte.

Pero te sigo queriendo.

Antes he mentido,
también sigo temblando,
pero créeme, te quiero.

Dame la mano,
que tengo una vida entera que enseñarte.

Eres mi dialecto preferido
desde que compartimos silencios.

El amor empieza cuando bajas de la nube,
tenías razón, me gustas más tras tu toma de tierra.

Explícate peor,
no quiero terminar de entenderte nunca. 

Ser contigo.

Escribir un poema de amor es fácil, 
todo el mundo sabe lo que el otro quiere oír 
o lo que está bien visto 
o lo que gusta. 

Decir palabras es sencillo, 
crear el personaje azul ideal para cualquiera,
inventar cuentos con princesas
y construir castillos en el aire tan solo de versos.

Pero lo verdaderamente difícil 
es encadenar un alma, 
el estar incondicionalmente 
cuando los versos no solucionan una vida, 
ni cosen heridas, 
ni secan lágrimas,
ni perdonan culpas. 

Lo difícil es la vida real, 
la de las ojeras, 
la de los fracasos, 
la que está fuera de los libros y los bares, 
la que no queda tan bonita en un poema.

Quédate con quien demuestre sus versos, 
con quien lleve tatuadas sus palabras en cada acto 
y no se conforme contigo, 
con quien no encuentre mejor lugar en el mundo 
que tu almohada
y que no necesite nada más que SER CONTIGO...

Me gustas de perfil.

Me gustas de perfil
porque no sé dónde terminas,
dónde está el punto exacto
en el que dejas de ser tú mismo y algo
te sustituye:
el aire,
la pared en la que te apoyas.
Mi cuerpo, tal vez.

Me gustas de perfil
porque aprendo a continuarte
a través del recuerdo.
Porque mis ojos y mis manos han seguido
las líneas más allá de lo que veo.
Porque han recorrido
- como bocas hambrientas -
todos tus caminos.

Ojeras.

A mí me gustan las personas con ojeras. 
Los insomnios con nombre propio. 
Me gustan las personas que llevan
guardadas las piedras de sus tropiezos, 
como lecciones que aprender. 

Que sean bienvenidas aquellas que 
sufrieron y jugaron con las letras 
hasta curar sus heridas, 
tapando cicatrices, 
destapando miedos, 
y tocando con la yema de los dedos 
un puñado de almas. 

Las que están rotas, 
las que tienen cicatrices, 
las que se desangran sobre un papel 
sin importarles el qué dirán. 

Porque, si no estuviésemos llenos de grietas, 
¿por donde pasaría la luz? 

Un invierno sin sol.


Yo amé, con perdón.

Amé por encima de todas las cosas, 
que es, permítanme que les diga, de la única forma en que se puede amar.

Yo viví en un cálido regazo del amor,
protegido bajo su techo, comiendo de su misma mano,
aprendiendo el fuego hasta verlo arder,
hasta quemarnos.
Compartí su sudor y ascendí en su alegría de peldaño en peldaño.
Es decir: de dos en dos.

¿Sabéis qué?
Yo tampoco creía en la magia hasta que le vi.
A él.
Irradiándola, desprendiéndola,
descontrolando el tiempo y cargándose con un gesto cualquier rutina impuesta,
criando una primavera en cada estación.

Solo querría decirles eso.
Decirles: yo tuve un reino y lo llamé hogar.
Y fue tan inmenso como el más pequeño de los detalles.
Una puta barbaridad.
Así debía de ser mi cuento.

Sin embargo, escribo desde el dolor aquel en que solíamos gritar que todo acaba mal
porque si no, no acabaría.

Así fue que todo se llenó de distancia
y de sangre,
todo se ensució de grietas y pudriéndo-
se pasó como una enfermedad por delante nuestro,
un olvido por encima de nosotros
paseándose
jodiéndonos,
diciéndonos adiós,
a dios reclamadle.

Estas son mis ruinas y esta es mi voz.
Un paseo con vistas a los escombros.
Si veis al amor por ahí, solo decidle que lo siento.
Que el frío se ha hecho ciudad
y yo, solo, he aprendido a quemarme.
Que la poesía pague los destrozos
y su recuerdo sea mi única migaja de calor.
Esta es la historia de un derrumbamiento.
El infierno hecho paisaje.
Mi baile nupcial sobre el lodo.

Un invierno sin sol.