domingo, 28 de diciembre de 2014

Llegaste.

Llegaste y me enseñaste el rock and roll de tus caderas, volamos como aviones y planeé en tus lunares. 
Empezaste a enseñarme crucigramas llenos de las mismas respuestas: amor y tu nombre.
Buscamos horizontes jugando a perder el norte, haciéndome sentir una niña pequeña en un cuerpo de mujer. 
Dimos mil vueltas, recorrimos toda la ciudad, cada esquina, pero siempre será igual, tú eres la parte de Madrid que mas me gusta. 
No quiero que te vayas, que me olvides. 
No quiero que te canses y que la toalla toque el suelo, ni mis manos otras pieles. 
Porque navidad en tus mejillas me parece más mágica, porque la vida en tu sonrisa me parece más practica. 
Y si te vas y me rompes, que parezca un accidente, y si te vas intentaré abrir rápido el paracaídas, que los sentimientos aguanten intentando frenar el golpe, aguantar y buscar la salida de emergencia de tus piernas. 
Me has dejado claro que hay personas que nacen estrelladas y otras con estrellas, y que tú estas llena de ellas. 
Has cambiado mi suerte, aposté lo que me quedaba a ti y he ganado todo con tenerte. 
Por eso, cariño mio, arrímate y que los días pasen, brindemos por lo que tenemos, disfrutemos de ahora y no pensemos en qué pueda pasar.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Tiempo y calma.

A veces me vengo abajo, como hoy.
Cada vez que lloro, lo hago hasta quedarme casi sin aliento, sin aire en los pulmones, y gritando al cogerlo. 
Sí, yo también lloro... La mayoría de las veces por un mismo motivo; no estoy conforme con nada. 
Sin embargo, estoy en una etapa de mi vida en la que no puedo ni debo quejarme por nada, pero aquí estoy... Llorando.
Siento cómo se me purifica el alma cada vez que lo hago, sabiendo que muy en el fondo se me pudre poco a poco. 
Últimamente lloro demasiado.
La música muchas veces consigue relajarme, pero hoy parece que lo complica todo.
Sinceramente creo que estoy harta, harta de verme en la misma situación. 
Los cambios llegan poco a poco y casi sin darme cuenta, pero llegan. 
Aunque lo que más ansío en estos momentos, desde siempre pero más que nunca, sigue sin venir.
Ya no sé cuánto más debo esperar. 
No se si llorar para sacar todo lo que está putrefacto en mí y purificarme, o si cerrar los ojos directamente y sonreír como si no hubiese pasado nada esta noche.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Quiero.

"Yo lo que quiero es una sonrisa de oreja a oreja, y no un amor descafeinado. 
Quiero una mano tendida con la que ir hasta el infierno y volver intacta. 
Un par de orejas que escuchen todas mis tonterías, una voz que me diga "te quiero" honestamente. 
Alguien que se moleste en conocer cada rincón de mí, cada pliegue de mi piel, cada dimensión paralela de mis pensamientos. 
Quiero que me entiendan y me abracen cuando tenga ganas de huir del mundo entero.
Alguien que me frene cuando quiera echar a correr y me impulse para que gane la carrera. 
Un beso húmedo y ahogado que me devuelva la autoestima. 
Tardes de sexo en el sofá. 
Noches de ternura en la cama. 
Quiero cines, conciertos, paseos, cafés. 
Quiero una vida compartida, una media naranja en mi cesta. 
Quiero ser feliz, tener un hombro en el que llorar. 
Quiero hacer todo eso por alguien. 
Quiero mirarle a los ojos y comprender lo que piensa sin mediar una palabra. 
Y que él sea capaz de hacer lo mismo. 
Quiero pasión, dulzura, alegría, empatía. 
Quiero todo eso y más. 
Quiero amor, quiero a mi mejor amigo dentro de ese amor. 
Quiero."
Quería.
Tengo.

Mierda.

A veces basta muy poco, realmente muy poco para reabrir una herida no tan vieja. Meses y meses de esfuerzo por ignorarla pueden irse al traste en tan solo dos o tres segundos, con una mirada dirigida a ti en el momento más inoportuno, en el instante en el que tus defensas descansan bajo suelo. Y esa mirada, que creías perdida en las olas del olvido, regresa para golpearte con estruendosa fuerza contra la realidad, devolviéndole la vida a tu sistema nervioso adormecido. Las agujas del reloj recuperarán su velocidad vertiginosa. Será todo como un suspiro. El momento pasará frente a tus ojos y ni siquiera serás consciente de lo que ha ocurrido hasta que ya haya sucedido. Y notarás el peso del mundo entero sobre tus hombros, tendrás ganas de cavar un hoyo profundo, muy profundo, y enterrarte en él hasta desaparecer y dejar de sufrir.

Vive.

Dicen que es rutina. 
Que la rutina no tiene por qué ser mala o desagradable. 
Pero qué saben ellos de la monotonía de levantarse cada día sin saber si es lunes o jueves, si vas o vienes, qué saben del vivir cada día como un autómata sin corazón. 
Es difícil no tener una meta, un sueño, una guía que seguir para alcanzar un objetivo. 
Es duro pensar en los tiempos en los que pretendías comerte el mundo, antes de descubrir que el mundo te había devorado a ti. 
Y ves fotografías antiguas, rememoras momentos en los que realmente parecías vivir feliz, y tienes envidia de tu sonrisa, esa que se ha escondido tras tus labios fruncidos y tus cejas arrugadas siempre en feroz expresión. 
Quisieras ser niña y volver a ser ignorante, no conocer nada de lo que conoces, cerrar los ojos a la realidad que te corroe las entrañas. 
Así un día tras otro. 
Cumples dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte... y todo sigue igual. 
Has olvidado cómo cojones se vive, y te limitas a sobrevivir de la mejor forma posible. 
¿Qué más puedes hacer? Porque salir y echarle huevos a un nuevo día con una sonrisa forzada pero enorme es demasiado pedir. 
Irte una puta noche de fiesta con los cuatro amigos que aún te quedan y comportarte como una adolescente es demasiado para tu cuerpo frágil y cansado de ir de decepción en decepción. 
Claro, es más sencillo rendirse y dejarse engullir por la pena y el ahogo de una soledad elegida. 
Es más fácil cagarte en el mundo tumbada en tu cama, maldiciendo tu cuerpo imperfecto y la sociedad que no te acepta. 

Pero déjame que te diga algo, pequeña. 
Hasta que tú no te aceptes, el mundo no lo hará. 
Échale huevos al asunto y vive, no existas únicamente. 
Lo que hoy te parece una montaña enorme imposible de escalar, cuando la hayas superado se verá todo más simple y podrás disfrutar las vistas.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Conclusiones.

A veces el desequilibrio, el frío, la desorientación de no encontrar el sitio que arrope estos miedos que me acompañan, el vértigo, y que la oscuridad venga de la peor forma posible sin aportar nada bueno. 
El desconsuelo de haber querido de verdad a más espinas que rosas y ahora tener un corazón lleno de agujeros de labios que eran de prometer lo que después no iban cumplir. 
Un camino aprendiendo constantemente que hay abrazos que vienen con fecha de caducidad y que nunca pueden caerse ninguno de los pájaros que sostienen cada uno de nuestros sueños. 
Quiero vivir aún cansada de un baile de frases dañinas patrocinadas por lenguas con demasiadas ganas de hacer daño, intento aprender a quedarme con quien sienta y no con quien prometa. Lo he aprendido y juro que me alegra que la verdad es la única que siempre llega a la meta.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Correr.

Hay días que sientes que estás en un pozo sin fondo,
que todo tu mundo está en una caída libre
y que
nadie
vendrá
a
salvarte.

Hay días,
noches,
semanas o años
que no encuentras luz.
Que necesitas salir,
correr,
correrte con alguien que te coja la mano y te acaricie.

Momentos en los que parpadea la luz de turbulencias
y no encuentras la salida de emergencia.
Te falta el aire,
las fuerzas.

Te acorrala el miedo.
Y tú sólo quieres salir corriendo.

Existen las mañanas que quieres seguir durmiendo
para dejar de soñar por un rato.

Noches en las que necesitas dormir
y las sábanas son sólo otra tela que te ahoga.
(El mundo y sus sogas con forma de pañuelo)

Ojalá alguien entienda algún día este desorden de letras,
este desastre de vida,
esta locura de persona.

Ojalá algún día estés aquí cuando siento todo el peso
de este mundo encima de mis hombros,
y quieras salir corriendo.
Conmigo.

Lección 1.

Si me preguntasen cuáles son los pasos para aprender a ser fuerte probablemente dejaría que un suspiro se escapase de mi boca y un murmullo parecido al llanto ahogase el ambiente.

¿Sabes tú cómo ser fuerte?

Al principio, cuando todo esto empezó fue como un golpe en el estómago por el que te desplomas y por unos momentos olvidas respirar, todo tu universo queda reducido a la visión triste y gris del miedo.

Yo me caí y cien grúas desde el cielo me ayudaron a ponerme de rodillas para poder pedir al destino la llegada de unos buenos recuerdos, por muy rápidos y muy superficiales que fueran, por muy fugaz que fuese la sonrisa. Llegaron así las botellas, tan vacías en su esencia pero tan etílicas en su contenido y llegaron así esas pequeñas cosas que al final del día te hacían irte a la cama con un poquito mejor de sabor de boca.

Tan pronto como llegó el frío, fui presa de la cárcel de mi mala suerte y perdí lo poco que tenía por unas monedas de cambio que me llevaron a la ruina.

Soy buena describiendo el dolor, en plasmar en miles de metáforas lo difícil que que es a veces levantarse tras una caída; pero también enveneno a mi lengua diciendo lo jodido que es sobrevivir cuando todo tu mundo se va a la mierda.

¿Sabes tú cómo ser fuerte?

No. Ni tú ni nadie.

Merecer las penas.

¿A cuántos amaneceres estoy de ti?,
le pregunto cada mañana a mis ojeras.

Madrid despertándose y yo bajando las persianas.

¿Cuántas noches más durará este naufragio?
¿cuantísimas borracheras serán las necesarias.?

Si algún día ordenara la habitación
encontraría todo lo que me faltas.

Toda mi ropa tirada para tapar la ausencia
de tu ropa interior en mi armario.

Es tan fácil cortarse cuando tus sueños son de cristal.

Mis heridas siguen abiertas así que, supongo, puedes pasar.
De mí.

O besarlas.