A veces el desequilibrio, el frío, la desorientación de no encontrar el sitio que arrope estos miedos que me acompañan, el vértigo, y que la oscuridad venga de la peor forma posible sin aportar nada bueno.
El desconsuelo de haber querido de verdad a más espinas que rosas y ahora tener un corazón lleno de agujeros de labios que eran de prometer lo que después no iban cumplir.
Un camino aprendiendo constantemente que hay abrazos que vienen con fecha de caducidad y que nunca pueden caerse ninguno de los pájaros que sostienen cada uno de nuestros sueños.
Quiero vivir aún cansada de un baile de frases dañinas patrocinadas por lenguas con demasiadas ganas de hacer daño, intento aprender a quedarme con quien sienta y no con quien prometa. Lo he aprendido y juro que me alegra que la verdad es la única que siempre llega a la meta.