Si me preguntasen cuáles son los pasos para aprender a ser fuerte probablemente dejaría que un suspiro se escapase de mi boca y un murmullo parecido al llanto ahogase el ambiente.
¿Sabes tú cómo ser fuerte?
Al principio, cuando todo esto empezó fue como un golpe en el estómago por el que te desplomas y por unos momentos olvidas respirar, todo tu universo queda reducido a la visión triste y gris del miedo.
Yo me caí y cien grúas desde el cielo me ayudaron a ponerme de rodillas para poder pedir al destino la llegada de unos buenos recuerdos, por muy rápidos y muy superficiales que fueran, por muy fugaz que fuese la sonrisa. Llegaron así las botellas, tan vacías en su esencia pero tan etílicas en su contenido y llegaron así esas pequeñas cosas que al final del día te hacían irte a la cama con un poquito mejor de sabor de boca.
Tan pronto como llegó el frío, fui presa de la cárcel de mi mala suerte y perdí lo poco que tenía por unas monedas de cambio que me llevaron a la ruina.
Soy buena describiendo el dolor, en plasmar en miles de metáforas lo difícil que que es a veces levantarse tras una caída; pero también enveneno a mi lengua diciendo lo jodido que es sobrevivir cuando todo tu mundo se va a la mierda.
¿Sabes tú cómo ser fuerte?
No. Ni tú ni nadie.