Aquel día no fue ni por asomo el mejor de mi vida, seguramente por mi culpa algo saldría mal o simplemente las cosas se tornaron así, diferentes.
Aquel día, como otro cualquiera, sus ojos brillaban especiales y los míos se clavaban como flechas en el centro de una diana.
Aquel día, aprendí que lo más importante se encuentra en los detalles que hacen a una persona, y la persona que hace que esos detalles sean especiales.
Aquel día, supe que pensar de más siempre es hacer de menos y que hay que hacer más por quien más se lo merece.
Aquel día, puede ser mañana;
aquel día, puede ser el resto de nuestras vidas;
aquel día, quiero que sea siempre.
Aprendo de mis errores y aprendo a querer a quienes me quieren, desde aquel y día, todo va a mejor.