He amado la forma que tienes de irte y de mirarme como si me matases antes de cerrar la puerta.
He bailado contigo, he llovido a tu lado.
Me he acostumbrado a que nunca me acostumbres del todo, por ser cada día como distinta, sin ser otra.
Cuando sonríes, yo me pellizco en secreto para ver si estoy en algún sueño.
Y al final he entendido que tu formas parte de un instante que a penas dura un segundo, que ocurre constantemente.
Eres inexplicable, como casi todo lo que nos hace felices.
Eres inexplicable, como casi todo lo que nos hace felices.
Vas, y vienes.
Te paras, ríes.
Me pides un beso, lloras.
Te abrazo por la espalda y te apartas el pelo.
Me coges la mano y me aprietas con fuerza.
Alguna vez me dijeron "los finales felices solo son para aquellas personas tan tristes que son incapaces de disfrutar de la historia, porque lo importante es el camino: las vistas, el cielo azul, las nubes y el olor de la calle después de una tormenta".
Tu espalda, tus rodillas, y tu barbilla.
Tus ojos marrones como las hojas que se secan en otoño.
Tus besos con lengua.
Tus besos, tu lengua.
Cuando a veces estás triste y agachas la cabeza y entonces me agacho y te digo que estoy ahí, contigo.
Que estoy en cualquier parte, a tu lado.
Que estamos en esta mierda juntos.
Y luego levantas la mirada y al verme te brilla.
Y te juro.
Te prometo, que lo bonito del amor no es amar las cicatrices del otro, sino que la otra persona te ayude a amar las tuyas.