martes, 4 de noviembre de 2014

No.

Las cosas no están bien.
Las cosas no están bien cuando estás de mal humor cinco días, de los siete que tiene una semana. No van bien cuando tienes ganas de quedarte en la cama todo el día, y ni siquiera levantarte para intentar ser feliz. Las cosas van cuesta abajo, rodando, sin freno y sin protecciones cuando todo empieza a darte igual, cuando pasas del cariño que antes te caracterizaba a una frialdad que nunca antes había visto, a un desapego natural, a un rechazo diario.
Las cosas no van bien cuando el ambiente es tenso 23 de las 24 horas que tiene un día, cuando todo se electriza si cruzas la puerta, cuando no puedes hablar, pensar o hacer algo por miedo. Las cosas van mal cuando te sientes asustada al expresarte en tu propia casa, cuando no puedes ir de frente y mirando a los ojos para dejar las cosas claras, para poner todas las cartas sobre la mesa y decir "esto se ha acabado y tú estás fuera".
Cuando no hay fuerzas, ni ganas y ni siquiera queda esperanza, es cuando las cosas van mal.
Y no lo escribo por escribir. No lo digo por decirlo ni lo pienso por tener una idea en esa guerra a dos bandas.
No lo digo por colocarme en un lado o en otro del campo de minas, por inclinarme sobre una persona u otra.
Lo digo porque lo siento así, por que las cosas nunca habían ido tan mal.
Lo digo porque tengo mi propia opinión al respecto.