miércoles, 26 de noviembre de 2014

Clavículas.

Cómo decirte que eres dueño de todos mis precipicios.
Cómo explicarte que te has apropiado de mis miedos y los has conseguido guardar entre los huecos de tu clavícula
Cómo leerte cada verso, si tú ya vas por la quinta estrofa, sin haberte parado en ninguna coma y sin haberme dado tiempo a explicarte el argumento de mi vida.
Cómo hablarte de besos, si ya me has regalado todos los que tenías escondidos entre el vello de la piel.

Vámonos a ganarle el pulso a la vida.
Vámonos a hacer locuras, a cometer delitos, a recorrernos el mapa, saltarnos las normas. Vamos a romper con los miedos.
Vámonos corriendo de esta realidad de mierda, que ha conseguido contaminarnos el alma.
Vámonos a crear nuestra propia utopía, a dejarnos el aliento en cada beso,
a correr hasta caer exhaustos. Vámonos a ver el mar.

Ven conmigo a deshacernos de la soledad y a convertirnos en musa. Ven joder, que aún no me ha dado tiempo a probarte del todo. Quiero conocer tus pros y tus contras, quiero acariciar tus lunares y que no me lleguen los dedos para contar las constelaciones que forman.

Y quiero decirte, bajito para que siga siendo secreto, que me iría contigo hasta al final del mundo.

Dicen que hay tantos mundos como labios, y yo digo que hay tantos mundos como vidas. Que la vida es demasiado corta, que ya estamos viviendo el segundo día y que sólo nos quedan veinticuatro horas más para intentar ser feliz.

Si lees un poco entre líneas, sabrás que esto es sólo una invitación a mi realidad. Que quiero verte todos los días al otro lado de la cama y jugar a enredarme en tu pelo e intentar arrancarte la risa a cada segundo.

Si supieses leer entre líneas, sabrías que quiero ver el mundo que escondes bajo los labios, que quiero hacerte y deshacerte el amor hasta terminar con un nudo en la garganta de tanto besarnos.

Si supieses leer entre líneas, sabrías