Qué bonito es sentirse
querido, y qué poca gente lo sabe hacer...
Quizá sea suerte, pero yo prefiero
llamarlo destino u oportunidad de la vida, el tener cerca a alguien que me haga
sentir especial aún siendo la persona más común del universo.
Siempre lo digo y
lo mantengo: no soy ni mejor ni peor que otros, soy yo.
Y que mi "yo"
común o que un gesto tonto o una palabra o un abrazo sean valorados de tal
manera me hace feliz porque intento hacerle feliz y creo que lo consigo.
A
veces me encanta estar callada y sólo le observo, pensando que ese tiempo es el
mejor invertido de mi vida, como el que observa una obra de arte y nunca se
cansa, igual o mejor incluso.
Llevo minutos pensando qué decir y no puedo
explicar lo que siento, y quizá sea así, quizá sea verdad eso que dicen de que
"el amor es algo inexplicable" y por eso mejor callaré, esperaré a tenerle delante, le miraré durante unos segundos y le besaré
como en esas películas de cine en las que el protagonista parece que da su
último beso aún siendo uno más, le agarra con fuerzas como si se fuese a
escapar y le dice "te quiero" como si fuese la primera vez; a
diferencia de que esto no es cine, y de que nuestra realidad supera la ficción,
de que besarle es un placer, agarrarle una aventura y que decirle un "te
quiero" siempre es mejor que la primera vez...
Y nunca la última.