domingo, 23 de noviembre de 2014

Qué.

Qué bonito es sentirse querido, y qué poca gente lo sabe hacer... 
Quizá sea suerte, pero yo prefiero llamarlo destino u oportunidad de la vida, el tener cerca a alguien que me haga sentir especial aún siendo la persona más común del universo. 

Siempre lo digo y lo mantengo: no soy ni mejor ni peor que otros, soy yo. 
Y que mi "yo" común o que un gesto tonto o una palabra o un abrazo sean valorados de tal manera me hace feliz porque intento hacerle feliz y creo que lo consigo.

A veces me encanta estar callada y sólo le observo, pensando que ese tiempo es el mejor invertido de mi vida, como el que observa una obra de arte y nunca se cansa, igual o mejor incluso. 

Llevo minutos pensando qué decir y no puedo explicar lo que siento, y quizá sea así, quizá sea verdad eso que dicen de que "el amor es algo inexplicable" y por eso mejor callaré, esperaré a tenerle delante, le miraré durante unos segundos y le besaré como en esas películas de cine en las que el protagonista parece que da su último beso aún siendo uno más, le agarra con fuerzas como si se fuese a escapar y le dice "te quiero" como si fuese la primera vez; a diferencia de que esto no es cine, y de que nuestra realidad supera la ficción, de que besarle es un placer, agarrarle una aventura y que decirle un "te quiero" siempre es mejor que la primera vez... 

Y nunca la última.